Conversaba con un colega, uno que no puede estar movilizado, pues trabaja en un colegio particular subvencionado. Me reclamaba su falta de solidaridad aduciendo que poco le importaba a él una movilización que miraba para atrás, y que no peleaba por causas que para él eran más justas. Al inquirir cuáles eran estas causas, me dio un lista larga, de entre las que puedo recordar: jubilación a los 30 años de servicio, contratos indefinidos reales para los trabajadores del sector subvencionado, mejores condiciones de jubilación, entre otras tantas que son difíciles de retener. Y quizás tenía razón, me dije en ese momento. Pero el ejercicio de la memoria es una acción no exenta de dolor, de dificultad, que presupone el esfuerzo de recordar (volver a pasar por el corazón) no sólo hechos y fechas, sino nombres, personas, y familias; son estas las historias que al final conforman la delgada trama, el hilado de la otra historia, la que está en los libros.
Recordar por ejemplo a Ismael Vera, Paulino Oyarzún, Ramón Vera Gómez, Nineth Haro, Clara Álvarez, Hans Vera, Héctor Haro Martínez, Milton Muñoz, y tantos otros, quienes ya tomaron el camino hacia los silencios de la eternidad sin ver ni un atisbo del pago que en justicia le correspondía y que la dictadura les arrebató con el paso de la Educación Pública a los Municipios. Hoy, son otros nombres quienes, travestidos con los ropajes de la "democracia chilena moderna", les siguen robando aún después de haber partido.
No serán desoídos los sollozos de tantos y tantas que desde todos los rincones del país exigen, con un clamor certero, profundo y honesto, que se les pague lo adeudado. En los cuerpos de Luisa, de Ernesto, de Luis, de Angélica y de Mª Luisa se hacen carne nuevamente los colegas que ya no están con nosotros, en su sacrificio está el lamento de quienes no tienen ya ni la voz, ni la fuerza.
"Los perros son la muerte:siempre buscan huesos", decía el escritor Carlos Bugué alguna vez; lamento poeta que la vida del profesor te desmienta, pues esa es la muerte del olvido, la que termina en la tierra de los cementerios, la del profesor es una vida multiplicada por miles, por cientos, por uno, a quienes su voz simple y caricia tierna le dio el aliento de seguir adelante, de estudiar, de aprender. "Quien salva a una persona salva el mundo entero" reza el proverbio judío; yo digo :"quien enseña a una persona, cambia el mundo entero".
UNIDAD DE DIFUSIÓN
COMUNAL QUELLÓN
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